LA TRADICIÓN
Digamos algo de las raíces profundas del tradicionalismo. La palabra tradición hace referencia a la transmisión de una verdad original. Al usar esta última cualificación me refiero a una Verdad comunicada a los hombres en el origen. La misma está en relación con el Principio Espiritual sobre el que se sustenta toda la realidad. Principio primordial, absoluto, Divino. En todas las culturas arcaicas, en los mitos cosmogónicos, siempre hay una referencia a dicho Principio. Maritain explica la existencia de una Tradición primitiva:
“En la afirmación de una tradición primitiva, común a las diversas familias humanas y tan vieja como ellas, están de acuerdo las más serias investigaciones de los historiadores con los teólogos... (E)s muy razonable el suponer que el primer hombre debió recibir de Dios la ciencia al mismo tiempo que la existencia...
Pero esta ciencia, así como la religión primitiva con la que se confundía, ¿podía permanecer intacta en la humanidad? De un lado, verdades muy elevadas, transmitidas de generación en generación; del otro, una inteligencia dominada por los sentidos y por la imaginación: el efecto de tal desproporción debía ser fatalmente una alteración progresiva de la tradición adámica, roída poco a poco por el olvido, manchada por los errores, invadida por la corrupción del politeísmo y de las más degradadas modalidades religiosas (animismo, totemismo, idolatría, magia, etc.). A pesar de estas alteraciones pudo esta primitiva tradición guardar en la humanidad, durante siglos, un tesoro de verdades esenciales.” (Maritain, Jacques. Introducción a la Filosofía).
De acuerdo con esta definición de Maritain podemos hablar de una Tradición original. Esta Tradición se hizo más explícita a partir de la revelación veterotestamentaria. Sin embargo, como el mismo Antiguo Testamento nos muestra, hubo justos fuera del pueblo de Israel, cuya justicia evidentemente se
fundó en la fidelidad a aquella Tradición original. Luego, la Encarnación del Verbo, explicitó aun más la Palabra Original que Él mismo es. Y fue la Iglesia la depositaria de ese depósito riquísimo, sobre la que se fundó la Civilización Cristiana, con todo su riquísimo aporte cultural –teológico, filosófico, místico, artístico-. Hoy en nuestros días la Revolución Moderna, y Postmoderna, está destruyendo tan sólido cimiento de la vida humana. A la ideología destructora la llaman “progresismo”.
Comentarios
Publicar un comentario