ANTOINE DE RIVAROL, UN HOMBRE QUE VIO CLARO
"Rivarol, pensador político de ideas netas y posiciones inequívocas, nunca fue hombre de partido. Severo cronista de los excesos revolucionarios, igualado con Tácito por el mismo Burke, polemista perspicaz y elocuente que ahondó el ataque al jacobinismo hasta sus raíces ideológicas -el utopismo racionalista y los especiosos sofismas del 'Contrato social'-, no ahorró tampoco reproches a la incapacidad de los ministros de la corona, y a la vacuidad de gran parte de la nobleza, ni dejó de reconocer la trágica insuficiencia de Luis XVI...Contrarrevolucionario declarado desde 1789 -cuando aún la flamante 'Asamblea nacional' suscitaba la admiración de tantos, en el reino y en el extranjero, y nadie imaginaba que en días no lejanos el horror de la guillotina funcionaría regularmente en las plazas públicas-... La imperdonable falta de los Estados generales de 1789 fue, para Rivarol, el haber malogrado la oportunidad de instalar en su patria ese sistema mixto que encontraba descripto en Montesquieu, y realizado, aunque con imperfecciones, en Inglaterra. En su lugar, la Asamblea había rechazado la creación de una cámara alta, que pudiese intervenir como árbitro en caso de conflicto entre los diputados y la corona, y había reducido al rey al ejercicio de un menguado 'poder ejecutivo' que tenía por única función hacer cumplir los decretos del cuerpo legislativo...Con gran lucidez, Rivarol vio ya entonces acabada la monarquía; sólo era cuestión de tiempo la proclamación de la democracia...; y ésta no podía significar de hecho, en un país como Francia, el ejercicio efectivo del poder por un pueblo de millones...sino un acaparamiento por alguna camarilla de oportunistas...'No hay que engañarse, advierte..., no son los pobres, en cuyo nombre se ha hecho tanto mal, quienes han ganado con la revolución'." (GUSTAVO PIEMONTE, Introducción a los "Escritos políticos" de Rivarol)
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