EL COLAPSO DEL VIEJO ORDEN EN LOS SIGLOS XIX Y XX
“El colapso del viejo orden en Europa -orden que se apoyaba en el parentesco, la tierra, la clase social, la religión, la comunidad local y la monarquía- (fue producto de la Revolución Francesa)...
La Revolución era también obra del poder…el poder considerado como algo que nacía del pueblo y era transmutado por los fines libertarios, igualitarios y racionalistas de manera tal que dejaba de ser poder para convertirse en el ejercicio de la voluntad popular. Tal había sido el sueño de Rousseau, y fue el sueño de muchos durante la Revolución.
Lo que dio significación histórica a la Revolución en la mente de sus líderes y, aún más, en las mentes de los revolucionarios del siglo XIX (para quienes aquélla era un ejemplo obsesivo), fue su mezcla singular de poder y libertad, de poder e igualdad, de poder y fraternidad, y de poder y razón…
El paso final es el que va del poder al terror…Pues como declaró Robespierre: ‘Si la base del gobierno popular en tiempos de paz es la virtud, la base del gobierno popular en tiempos de revolución es la virtud y el terror…’
Fue en estos términos que revolucionarios del siglo XIX, como Bakunin, pudieron justificar el uso del terror. Justificación que continúa en el siglo XX: en las obras de Lenin y Trotsky, de Stalin, Hitler y Mao. Hay, sin duda, una gran diferencia entre la realidad de la Revolución Francesa y la realidad del totalitarismo del siglo XX, pero no es menos cierto que existe una continuidad vital, como lo han señalado varios estudiosos actuales…siguiendo conceptos de Tocqueville, Burckhardt y Taine.” (ROBERT NISBET)
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