EL ORDEN ORIGINAL

El hombre es la creatura que ocupa el centro de la creación ya que es la única que está abierta al Creador. En efecto, el espíritu humano -hecho a imagen y semejanza del Ser Supremo- busca con ansias la Fuente Original, como exclamaba el gran San Agustín: 

     “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y abraséme en tu paz.”  (Confesiones X, 27, 38)


     El alma y Dios eran el centro de la reflexión agustiniana. Todo lo demás, era medio para que el hombre -a través de la Verdad, la Bondad y la Belleza presente en lo creado- se eleve hasta su Señor. En la misma línea enseñaba diez siglos después San Ignacio de Loyola: 

     “...y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado…” (Ejercicios Espirituales, Principio y Fundamento)

     El Creador se ha comunicado, pues, con su creatura desde el comienzo. Le ha hablado desde las maravillas que lo rodean -el “Edén” en el que lo colocó-, y se ha revelado a través de un diálogo interior amoroso:

     “En la afirmación de una tradición primitiva, común a las diversas familias humanas y tan vieja como ellas, están de acuerdo las más serias investigaciones de los historiadores con los teólogos... (E)s muy razonable el suponer que el primer hombre debió recibir de Dios la ciencia al mismo tiempo que la existencia... 
 Pero esta ciencia, así como la religión primitiva con la que se confundía, ¿podía permanecer intacta en la humanidad? De un lado, verdades muy elevadas, transmitidas de generación en generación; del otro, una inteligencia dominada por los sentidos y por la imaginación: el efecto de tal desproporción debía ser fatalmente una alteración progresiva de la tradición adámica, roída poco a poco por el olvido, manchada por los errores, invadida por la corrupción del politeísmo y de las más degradadas modalidades religiosas (animismo, totemismo, idolatría, magia, etc.). A pesar de estas alteraciones pudo esta primitiva tradición guardar en la humanidad, durante siglos, un tesoro de verdades esenciales.” (JACQUES MARITAIN, Introducción a la Filosofía)

     Existe por tanto una Traditio original que se fue comunicando desde un inicio, y de la que dan testimonio las más diversas expresiones religiosas de la historia humana. Siempre los pueblos percibieron una realidad superior al mundo que los rodeaba:

     “El hombre entra en conocimiento de lo sagrado porque se manifiesta, porque se muestra como algo diferente por completo de lo profano. Para denominar el acto de esa manifestación de lo sagrado hemos propuesto el término hierofanía…Podría decirse que la historia de las religiones, de las más primitivas a las más elaboradas, está constituida por una acumulación de hierofanías…De la hierofanía más elemental (por ejemplo, la manifestación de lo sagrado en un objeto cualquiera, una piedra o un árbol) hasta la hierofanía suprema, que es, para un cristiano, la encarnación de Dios en Jesucristo…Se trata siempre del mismo acto misterioso: la manifestación de ‘algo completamente diferente’, de una realidad que no pertenece a nuestro mundo, en objetos que forman parte de nuestro mundo ‘natural’, ‘profano’.” (MIRCEA ELIADE. Lo sagrado y lo profano. Editorial Labor. Colombia. 1994, pp. 18-19)

     El espíritu humano en su búsqueda de profundizar la relación con su Creador crea cultura -en un principio muy ligada al culto-: arte, conocimiento, ritos. Y la cultura informa todas las expresiones de la civilización que se va constituyendo. Este acervo se comunica, primeramente, en el interior de las familias. La constitución de las mismas adquiere, por esta razón, un carácter sagrado. El Pater familias ocupaba un rol sacerdotal en muchísimas comunidades antiguas. Por otra parte, los Jefes, Héroes, Sabios y artistas que determinan la conformación y evolución de un pueblo, de su cultura y de su desarrollo civilizatorio, terminan siendo mitificados por la memoria colectiva. Vemos pues, que la Religión, las expresiones culturales, la vida familiar, la organización política y social -y las jerarquías que la misma determina- se encuentran estrechamente relacionadas en la vida de los pueblos tradicionales.

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