UN DEFENSOR DE LA LIBERTAD
Desde el Parlamento participó en debates referentes a los temas del momento. Sobre las cuestiones coloniales norteamericanas tomó partido por los reclamos de los colonos frente a las arbitrariedades del centralismo londinense. También cuestionó las políticas del Imperio en la India y defendió a sus compatriotas irlandeses. Como puede observarse Burke ya era entonces un ferviente defensor de las libertades concretas frente a las arbitrariedades del poder.
En 1773 fue a París, donde conoció a la Delfina, María Antonieta de Austria y, en la tertulia de Julie de Lespinasse, a los enciclopedistas. Este viaje acentuó sus ideas conservadoras, que se decantaron por el consuetudinarismo.
Cuando estalló la Revolución Francesa tomó una actitud crítica iniciando un debate contra aquellos compatriotas suyos que veían en la Revolución un canto a la Libertad. En febrero de 1790 se publicaron sus Reflexiones sobre la Revolución francesa. En esta obra critica el escaso respeto por la tradición que se expresaba en los nuevos fundamentos legales emanados de la Revolución francesa, considerando que las ideas implementadas por los revolucionarios no representaban más que abstracciones utópicas. Podemos considerar a esta obra como el primer gran tratado en favor de los grandes principios sobre los que estaba asentada la sociedad tradicional.
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