EL OCIO, FUNDAMENTO DE LA CIVILIZACIÓN

  “En el mundo de hoy domina la febrilidad en el trabajo. Y sin embargo  podríamos afirmar que los momentos culminantes en la vida de un hombre son  precisamente sus instantes de reposo. Ya lo había dicho Aristóteles: ‘trabajamos  para tener ocio’. Entendámonos: no se trata del ocio de quien nada hace, sino del  ocio (otium) fértil y fecundo. (...) El día de ocio es el adecuado para la  contemplación. No se trata de un esfuerzo intelectual sino de la percepción  descansada de lo noble y lo sublime. Dios mismo vive en permanente ‘ocio’ (...) Y en esta relación a lo no-útil radica la instancia suprema de una sociedad: ‘Es necesario para la perfección de la comunidad humana que haya hombres que se consagren a la vida no útil de la contemplación’, enseña el Doctor Angélico. (...) EL ocio implica descanso, dejar hacer, callar para captar -en la contemplación la realidad de Dios. El ocio tiene la serena alegría del misterio. El ocio es contemplación festiva, el silencio en la conversación de dos que se aman. Así como Dios se complace en sus obras, también el hombre se goza en la creación y en Dios. 

    La ‘fiesta’ proviene del ‘ocio’, es su elemento esencial. Ya la antigüedad muestra cómo no hay fiesta ‘sin dioses’, no hay fiesta que no haya hundido sus raíces en el culto. (...) Y DEL CULTO VIENE LA CULTURA.” (ALFREDO SÁENZ, Cristo y las figuras bíblicas) 

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