"Un mundo que condena la tradición, exalta la igualdad y recibe alborozado las innovaciones; un mundo que ha hecho presa en Rousseau y se lo ha engullido totalmente, y que reclama profetas aún más radicales; un mundo ennegrecido por el humo del industrialismo, regido por las masas, centralizado por el gobierno; un mundo mutilado por la guerra, que tiembla entre el co-oso del Este y el del Oeste, y que mira por sobre una destrozada barricada hacia el abismo de la disolución: este mundo, nuestro mundo, es la sociedad que Burke pronosticó, con toda la ardiente energía de su retórica, en 1790. En conjunto los pensadores radicales han triunfado. Durante siglo y medio los conservadores han ido cediendo campo de un modo que, excepto por acciones de reta-guardia accidentalmente victoriosas, ha de ser considerado como una derrota. Las causas de su derrota no son, sin embargo, del todo claras. Es posible hallar dos explicaciones generales. Constituye la primera la "difíc...
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