UNA VUELTA DE TUERCA
ALPHAVILLE es una de las películas más singulares del cine moderno, dirigida por Jean-Luc Godard en 1965. Protagonizada por Anna Karina, Eddie Constantine y Akim Tamiroff es considerada una película significativa de la nouvelle vague y de las más destacadas en la trayectoria de su director.
La historia sigue a Lemmy Caution (interpretado por Eddie Constantine), un agente secreto que llega a la ciudad futurista de Alphaville en otra galaxia. Pero no es una ciencia ficción típica. No hay decorados futuristas: se filmó en el París contemporáneo, usando edificios reales.
La ciudad de Alphaville está gobernada por una inteligencia artificial llamada Alpha 60. Está tiene bajo su control a todos los humanos, a quienes ha quitado el amor, la poesía y las emociones. Todo se rige por la lógica fría y matemática.
El film es una crítica a la tecnocracia y a una sociedad dominada por la lógica sin humanidad.
La película dialoga indirectamente con filósofos disruptivos como Michel Foucault, por el tema de la vigilancia y el control social; con Jean-Paul Sartre, por el tema de la libertad vs. determinismo; y con Guy Debord por crítica a la sociedad moderna y alienada. Por tanto, el film se ve involucrado en el clima de radicalidad política e ideológica propia de la Francia de los 60.
Sin embargo, el tema de la tecnocracia y del control social puede ilustrar la situación de hoy, y, dando una vuelta de tuerca puede servirnos de herramienta para hacer una crítica profunda del progresismo cultural y el wokismo impuesto por los poderes globales contemporáneos que utilizan tantos medios tecnológicos para uniformar las conciencias.
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