JOHN RUSKIN, UN UTOPISTA DEL PASADO
John Ruskin fue un influyente crítico de arte, escritor y pensador social inglés del siglo XIX, nacido en 1819 y muerto en 1900.
Ruskin comenzó siendo famoso por sus libros sobre pintura y arquitectura. Defendió con entusiasmo la obra del pintor
J. M. W. Turner y escribió textos como Modern Painters y The Stones of Venice.
Sus ideas principales:
1. El arte refleja la moral de una sociedad
Para Ruskin, el arte no era solo cuestión de belleza. Creía que una sociedad justa producía un arte auténtico, mientras que una sociedad corrompida generaba un arte decadente.
3. Crítica al capitalismo industrial
Con el tiempo se convirtió en un severo crítico de la economía de su época. En libros como Unto This Last sostuvo que la riqueza debía medirse por el bienestar humano y no solo por el dinero.
2. Admiración por la Edad Media
Valoraba especialmente el trabajo artesanal medieval y la arquitectura gótica. Pensaba que en el mundo medieval el artesano conservaba creatividad y dignidad, algo que la industrialización estaba destruyendo.
Lo llamativo de John Ruskin es que su pensamiento no encaja fácilmente en las categorías políticas actuales. Criticó con dureza el capitalismo industrial, pero tampoco era socialista revolucionario. Su ideal era una sociedad inspirada en valores morales y cristianos, donde el trabajo tuviera dignidad y la economía estuviera al servicio de las personas.
Pensaba que la belleza no era un lujo. Una ciudad con edificios hermosos, parques y obras de arte ayudaba a formar personas mejores. En cambio, un entorno feo y descuidado terminaba afectando también la vida moral.
Ruskin estaba profundamente influido por el cristianismo. Consideraba que la economía debía regirse por la justicia, la caridad y la responsabilidad hacia el prójimo, y no únicamente por la búsqueda del beneficio.
Los conservadores apreciaban su defensa de la tradición, la religión, la familia y el valor del mundo medieval.
Los reformistas sociales valoraban su denuncia de la explotación obrera y de las desigualdades creadas por el capitalismo industrial. Sin embargo, Ruskin no proponía una revolución. Aspiraba a una reforma moral de la sociedad, convencido de que la economía debía estar subordinada a principios éticos y no al lucro como fin último.
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